Según expertos de la OIT, Trabajo Decente es un concepto que busca expresar lo que debería ser en este mundo globalizado un buen trabajo o un empleo digno. El trabajo que dignifica y permite el desarrollo de las propias capacidades no es cualquier trabajo. Así, no es decente el trabajo que se realiza sin respeto a los principios y a los derechos laborales fundamentales; ni el que se lleva a cabo sin protección social; ni aquel que excluye a la representación de los trabajadores del diálogo social; ni el que incurre discriminación de género o de cualquier otro tipo;  y ni mucho menos el que no lleva aparejado un salario suficiente para vivir, un salario justo y proporcional al esfuerzo realizado.

Para USO no es suficiente con crear empleo; no vale de por sí cualquier empleo o salario. El trabajo decente es antitético con la precariedad que sufrimos en el mercado laboral español. Un trabajo decente debe permitir, sí o sí, una vida digna a la persona que lo realiza.

La ambición de la mayor parte de los inversores de extremar los beneficios a cualquier costa, junto a la falta de firmeza de los gobiernos para impedir abusos, está provocando a nivel global un mercado desregulado, o al menos mal regulado. En este escenario, trabajadoras y trabajadores sufren una reducción de derechos y una competencia desleal entre sí, condicionando definitivamente sus oportunidades de sobrevivir y prosperar con trabajo decente.

A su vez, la constitución de cadenas de valor o suministros, fruto de la concentración empresarial y de la proliferación de acuerdos de libre comercio, no hacen sino propiciar un camino de desigualdades y desequilibrios medioambientales que ponen en jaque al desarrollo sostenible. La nueva forma de producir y distribuir los bienes y servicios que consumimos o la forma de distribuir la riqueza es incompatible con un futuro de subsistencia en condiciones dignas.

Por ello hay que hacer frente a toda esa clase de políticas. Es escandaloso que el 1 por ciento de la población siga aumentando su riqueza y que acapare ya el 82 % de la riqueza del mundo. Los sistemas tributarios deben poner coto a esa situación, erradicando los paraísos fiscales.

En todas las partes del mundo el trabajo humano debe ser decente. USO no acepta coexistir con el trabajo forzoso o en esclavitud, ni con el trabajo infantil, ni con el precario o con discriminación, ya sea por diferencias de color de piel, nacionalidad, condición de migrante o refugiado, género, o cualquier otra condición personal. A trabajo de igual valor debe corresponderle un salario igual. Por eso los sindicatos, que estamos construyendo la Confederación Sindical Internacional, nos hemos dado esta Jornada Mundial por el Trabajo Decente del 7 de octubre.

Ya sea por el reto de la inmigración, o para la necesaria confluencia económica y social, el trabajo decente debiera ser también la guía de la construcción europea. Precisamente la ausencia de empleos para todos en condiciones de trabajo decente en la UE está siendo el caldo de cultivo para el crecimiento de partidos eurófobos, nacionalistas y de extrema derecha que ponen en riesgo el mejor proyecto de bienestar social del mundo.

El trabajo decente marca nuestra actividad sindical cotidiana: la mejora de los acuerdos y convenios colectivos, nuestras luchas contra la precariedad laboral y por los cambios legislativos que logren una mayor protección, previsión social, y una sociedad con justicia y bienestar. 

Con USO podemos promocionar el trabajo decente y contribuir a su universalización. Lo precisamos en todas partes, para que “nadie se quede atrás”, como establece la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible con la que se ha comprometido la comunidad internacional.

¡Defiende con la USO el Trabajo Decente!

¡Cambiemos las reglas!

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